RevistaEmakunde

Cuando la normalidad estalla

autora: Emakunde, 

Miren Elgarresta Larrabide, Directora de Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer.

 

La normalidad, de repente, estalla y nos encontramos ante un trágico panorama teñido de sangre. Un hombre mata a una mujer en plena calle y después se suicida. El escenario se vuelve entonces terrible, dramático, un escenario sin retorno que nos desalienta y que nos negamos a aceptar dentro de la normalidad. Esto no es normal, decimos al conocer la noticia.

Sin embargo, este estallido de violencia machista no nace de la nada. Es la propia normalidad la que estalla, la que llega al límite con una gota que colma un vaso ya muy lleno. Y es entonces, en el momento en el que explota, cuando tenemos que insistir en visibilizar la trastienda, el lugar en el que se ha generado esta violencia: una sociedad en la que aún hay hombres que se sienten con el derecho de acabar con la vida de su pareja porque ha decidido separarse, o porque se ha enfrentado a él, o porque le ha amenazado con denunciar la situación de maltrato que viene sufriendo durante años o simplemente porque cree poder hacer con ella lo que quiera porque es suya, le pertenece.  La normalidad esconde aún todo esto y hace falta recordarlo sobre todo cuando estalla y hace pedazos la vida una mujer y, en consecuencia, de todo su entorno.

Debemos ser capaces de ver más allá de la tragedia, detectar su origen y actuar sobre el mismo, porque mientras dejemos que los valores del machismo sigan vivos en nuestra sociedad, ocultos bajo una capa de normalidad, seguiremos asistiendo a sus consecuencias.

Prevenir la violencia contra las mujeres requiere algo tan costoso como una transformación de valores y de creencias; requiere un cambio personal y colectivo que no se consigue de la noche a la mañana. Pero es un cambio posible si cuenta con el apoyo de toda la sociedad, y especialmente el de los hombres, rechazando un modelo de masculinidad que se resiste al cambio y apostando por modelos igualitarios que puedan ser imitados por las siguientes generaciones. El gran reto es conseguir que el machismo salga de nuestra normalidad. Solo así evitaremos que estalle como lo acaba de hacer en Orio.